martes, 21 de julio de 2015

Curada de un Cancer

J.Jurado
 
María Tenorio es enferemera. Ha superado un cáncer de hueso

"No conozco a nadie que haya superado un cáncer y no tenga unas ganas de vivir inmensas""No soy una heroína, ni valiente, ni fuerte, hago lo que me gusta. No conozco a nadie que haya superado un cáncer y no tenga unas ganas de vivir inmensas". Quien así habla es María Tenorio, una joven  de 26 años que ha superado un osteosarcoma que le diagnosticaron cuando tenía siete.

"Llevo más tiempo con cáncer que sin él. Maduré con 8 años,  para mi era un reto ir al baño sola", comenta al tiempo que recuerda que "en casa cada vez que soltaba una muleta hacíamos fiesta".

A María, la vida le ha enseñado a no ponerse objetivos a largo plazo, lo hace todo poco a poco, pero sin cejar en el empeño. "Sé que no soy capaz de hacer el Camino de Santiago pero sí que me planteo hacer la Ronda de Ciudad Real", dice al tiempo que apunta que su fémur es su peroné, junto a las caderas, parte de clavícula y hueso de banco. "No doblo la pierna más de 90 grados. Estoy llena de cicatrices pero me pongo mis pantalones cortos", asegura y apunta sin pudor, "me dan más complejo la caderas anchas que las cicatrices que tengo en las piernas. Son mis señales de guerra. Es mi historia".
La primera vez que la operaron le dieron 17 ciclos, estuvo once meses con quimio. Ha pasado por quirófano 18 veces.
Recuerda que en 1996, cuando le descubrieron el cáncer, "amputaban" pero con ella, debido al estado avanzado de su osteosarcoma, decidieron experimentar, "gracias a eso conservo la pierna", añade. Tiene el alta desde 2009 aunque se hace  revisiones de manera anual, ya que se trata de una enfermedad crónica. "En teoría estoy limpia pero nunca se sabe si puede haber algo porque me pilló creciendo".
A María la trataron en el hospital Niño Jesús de Madrid. Allí se trasladó con su madre y los fines de semana iban su padre y su hermano. "Los domingos nadie me podía dirigir la palabra porque lo pasaba muy mal cuando se iban". "Mi hermano siempre ha sido el primero y el que más ha celebrado los logros", asevera con los ojos vidriosos al tiempo que subraya que sin sus padres "no tendría la calidad de vida que tengo. Ellos nunca se han aplacado".
María recuerda detalles de su infancia que la mayoría dejan a un lado. "Tuve la suerte de que todo el pueblo se volcó conmigo, incluso los profesores iban a casa cuando yo estaba en Villahermosa. Ellos se coordinaban con los profesores del hospital. No perdí ningún curso. De hecho me picaba con mis compañeros por no quedarme retrasada", dice y recuerda que desde que le detectaron el tumor, en segundo de primaria, no hizo ningún curso completo en el colegio, hasta segundo de ESO.
La vocación de ayudar
Tras todo el periplo hospitalario María decide estudiar enfermería, algo que los padres no llegan a entender pero ella lo tiene claro. "Un día fui al banco de sangre y me encontré con una enfermera con una nariz de payaso y una diadema con muelles, 'está gente siempre se está riendo, pensé', y  ella me dijo que tenía que trabajar en algo que me hiciera feliz y ayudara a los demás", explica María al tiempo que asegura que "el personal sanitario hizo que nuestra situación no  fuera traumática. En Carnaval nos pintaban las calvas y nos poníamos las camisetas hasta la frente. Subían nieve en Navidad y nos tirábamos bolas", y recuerda,  "de un día para otro empecé preguntar por mi mejor amiga Paloma, me dijeron que se había marchado a casa. Con los años descubrí que ella no lo superó". A pesar de las pérdidas, del dolor de lo vivido, esta joven enfermera tiene mensajes de optimismo para los que sufren esta situación. Advierte de que el cáncer ya no es sinónimo de muerte y pide a los padres que se enfrentan a esta




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