miércoles, 7 de octubre de 2015

LOS NUEGADO DE MEMBRILLA




Un emprendedor valdepeñero lleva "los nuégados" a media España

LOS NUEGADOS SON FAMAOSOS POR MEMBRILLA.

Luis Fernando Madrid, ciudadano natural de Valdepeñas de espíritu emprendedor y residente en Alicante, en su afán de dar a conocer uno de los dulces más tradicionales y típicos manchegos, ha puesto en marcha una empresa dedicada a la fabricación y comercialización a nivel nacional de los nuégados, un exquisito pero muy desconocido producto fuera de la provincia de Ciudad Real principalmente.
Comercializadas bajo la marca de Bolamelas, debido a que el mismo producto recibe diferentes nombres según la zona de la región (nuégados, rosca de utrera, rosca de fideos,…etc), pertenecen a una parte de la historia de la evolución de algunos de los dulces que en la actualidad forman parte de la gastronomía de algunas regiones de nuestra Geografía Nacional.
Es un dulce muy antiguo cuyo origen se remonta a la etapa musulmana de la península ibérica razón por la cual los ingredientes base de su elaboración son la harina, el huevo y la miel.
Hay quienes defienden que en la antigua Grecia ya era costumbre mezclar frutos secos (principalmente la nuez) con la apreciada miel Hispánica para la elaboración de dulces, aunque lo más probable es que fueran los árabes quienes la introdujeran en la península.
Su expansión por las diferentes regiones, en cada una de las cuales abundaban los ingredientes autóctonos de la zona, hizo que al tiempo que estas costumbres gastronómicas atravesaban la historia durante siglos, fueran modelando su propia identidad en cada región.
La abundancia del cultivo de almendros y la recolección de miel de la Alcarria, del sistema Bético o de la Serranía de Cuenca en la comarca de Alicante, hizo que su evolución nos haya llevado a los actuales turrones, y a otros dulces como las “tortas de alajú” y los “alfajores” en
la zona de las provincias de Cuenca, Guadalajara y Valencia con la incorporación del limón, la naranja y la miga de pan tostada.
En su evolución hacia el centro peninsular, la mayor presencia de los cereales provocó que los frutos secos fueran sustituidos por una masa de repostería cuya base principal era la harina de trigo, al tiempo que la entrada del frio invernal, que implacablemente aceleraba la solidificación del excedente de miel almacenada, forjara la estacionalidad de este tipo de dulces, motivo por el cual suele ser más habitual su elaboración sobre todo en las festividades de otoño e invierno.
El aumento de trabajo que implicaba la sustitución de los frutos secos con la elaboración manual de la masa de repostería, hizo que frente a los turrones, fuera perdiéndose la tradición de elaborar este manjar de dioses año tras año.
A pesar de esto, en algunas poblaciones al sur de Castilla León, Castilla la Mancha, Extremadura y Andalucía aún perdura escasamente la tradición de elaborar productos similares con algunas variantes en sus ingredientes y en sus denominaciones, pero manteniendo fielmente su proceso de elaboración, adquiriendo su propia personalidad y siendo reclamadas con orgullo como gloria gastronómica en cada una de las zonas.
El más remoto antepasado de las Bolamelas estuvo fuertemente implantado en la gastronomía de la época de la Reconquista llegando a los Palacios Reales de España, hasta tal punto que cuando en 1492, Fernando II de Aragón (Fernando “El Católico”), también conocido como
Fernando III de Nápoles, centró su actividad en la expansión aragonesa principalmente hacia los Reinos de Nápoles y Sicilia, arrastró con él la tradición quedando implantada en dicha ciudad donde con alguna variante en su elaboración se comercializa con los nombres de
“struffoli” o “cicerchiata”.
Tan conocida era la tradición de su elaboración en la época que incluso en la conquista de las Américas estuvo presente, aunque al igual que ocurrió en la península, su elaboración evolucionó por el empleo de los ingredientes habituales de los indígenas. Hoy día se mantiene
inalterable su proceso de elaboración en países tan remotos como en El Salvador donde la masa se elabora con yuca, o en Guatemala donde forman parte de su gastronomía chapín como es el caso del pueblo Xinca donde le incorporan el toque cítrico de la naranja y emplean
miel de caña en lugar de panal de abeja en su elaboración.
Era de esperar que una tradición gastronómica tan arraigada quedara inmortalizada en los textos escritos de la época y el ilustre D. Miguel de Cervantes Saavedra no dejó pasar la ocasión de hacer mención de dicho manjar en la segunda parte de la emblemática obra
literaria “El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha” “…Contó Sancho… dos calderas de aceite, mayores que las de un tinte, servían de freír cosas de masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba.”
Hoy, rindiéndonos a la majestuosidad de su historia y a su ímpetu por evitar caer en el olvido, BOLAMELAS Madvill, S.L.U. ha querido poner la tecnología del siglo XXI a merced de este dulce artesanal para ser testigos de su renacimiento, que por fin recupere el trono que le
corresponde dentro de nuestra repostería nacional y que pueda continuar su expansión por las comarcas que no le fueron posible conquistar antaño.

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